El sábado vivimos un partido innecesariamente emocionante. Sin quitarle méritos a defensa y porteria rivales, volvimos a carecer de pegada en un partido bien jugado y bien dominado.
Bien jugado porque no fallamos un solo pase en inicios de jugada y conseguimos mediar la zona de peligro rival durante muchas fases, especialmente, en la primera parte. Y bien dominado porque se cortaron las posibilidades de contrataque sin uso del juego brusco, aunque en la segunda parte cometimos 6 faltas.
No puedo concretar en qué minuto se produjo el 0-1 y con ello el cambio de partido, que hasta entonces, había sido de claro dominio de balón, pero con la sensación de estar jugando contra un equipo que nos iba a matar al final. Cabe recordar que el equipo local es uno de los equipos que más puntos ha logrado en los instantes finales, según comentan, mediante el portero jugador, que sacaron a modo de sorpresa (y sorprendieron), en el inicio de la segunda parte.
El 0-1 fue un gol semi-afortunado, tras varios remates y rechaces dentro del área, el 1-1, en menos de un minuto, saque largo, espalda, chute y rechace y gol. El 2-1 otra jugada en el area y a falta de unos 2 minutos, el 1-3 por balón robado en media pista y gol en tiro cruzado. El 2-3, de doble penalty. Como veis, el partido cambió de guión, metafóricamente, se volvió loco y se decantó a nuestro favor. Cosas del azar supongo.
Hasta no hace mucho, tenía la sensación de que cuando un partido se volvía loco, poco podía hacer un entrenador. Es lo que se dice, un entrenador tiene un guión, el otro entrenador tiene otro y a veces, los jugadores rompen los dos guiones.
Así, pensaba que cuando los guiones estaban rotos, se podía pedir un tiempo muerto, cambiar un jugador tal por Pascual, sobremotivar... en definitiva, cosas que no son tácticas. Pero leyendo un día una entrevista a JuanMa Lillo, éste decía que en ese momento es cuando más influye un entrenador, porque no es que no se pueda hacer nada, sino que el partido transmite muchas más señales para el entrenador, y además, de forma desordenada. La velocidad de interpretación y estructuración, entonces, sería la clave. Mi conclusión, cuantas más cosas están funcionando "mal", más cosas puedes arreglar, y más en nuestro deporte, que un entrenador tiene mil formas de perder un partido por cada una de las mil que tiene para ganarlo.
Hay que seguir así.
lunes, 16 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario